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“ESPRESSO, POR FAVOR”


Caminaba por Firenze, recién llegada, y con cuatro meses por delante, sentía que me había transportado en el tiempo: calles de adoquines, el Ponte Vecchio, la Galería de la Academia que acoge al David de Miguel Angel… Estaba en la ciudad del renacimiento artístico. Atrás quedó la dinastía Medici pero, los florentinos, todavía son conscientes que su ciudad es una de las cunas mundiales del arte, que su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad; claro, como para no estar orgullosos. Hablar con ellos de otras ciudades italianas es raro, no hacen comentarios a los elogios que podamos decir, sólo asienten con la cabeza y, si tenés suerte, lanzan una pregunta en un vano intento por mostrar interés. Orgullo. Esa es la palabra que se vive, se siente y se respira en las calles de Firenze.

Con tanto tiempo allí, debía recorrerla y decidir cuál sería mi lugar. Todos lo tenemos, ese sitio que nos inspira, que nos deja soñar pero a la vez nos devuelve a la tierra ¿ya identificaron el suyo? El mío fue el Caffè Gilli. En la Via Roma 1, pasé mis tardes luego del trabajo y los fines de semana. Esta cafetería abrió sus puertas en el año 1733 por lo que, hoy, es un emblema de la ciudad.

Siempre con libros en las manos, practicaba mi italiano y enseñaba a los camareros español. Perdía la noción del tiempo entre historias y espressos perfectos, como dijo Rubén Dario: “una taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta”. Con lluvia, con frío, con sol… el espresso es una compañía.

Fue una experiencia maravillosa por lo que se me hace difícil resumirla en estas líneas. Llegar a mi departamento alquilado (pequeño, acogedor) en las afueras de Firenze con la satisfacción del deber cumplido. Una sonrisa en el rostro que perduraba como el gusto de aquellos cafés en mi boca. La soledad y el extrañar a los tuyos, por momentos, aparecían como fantasmas que no querían dejarme. Los ristrettos los esfumaban velozmente y me abrazaban con una explosión de sabores; tal vez ahí empecé a medir mi tiempo en espressos.


CEO: 

Grace Grisolia

EDITORA:

Carmen Àlvarez

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