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¿Por qué el 17 de agosto es feriado en Argentina?


Conmemorándose el 166 aniversario de la muerte del General José de San Martín el pasado 17 de agosto, hacemos un repaso de su ajetreada vida y su demorado pero al fin logrado descanso en paz.

Todos sabemos que José de San Martín fue un militar y político cuyas campañas revolucionarias fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y Perú. Fue reconocido como Libertador de las Américas junto con Simón Bolívar por sus imponentes hazañas en pos de la liberación de América de la corona española. Pero quizás no sea tan conocido todo el recorrido de sus restos luego de su muerte el 17 de agosto de 1870.

Nació un 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, Misiones y con tan solo seis años su padre fue trasladado a España por lo cual cursó sus estudios entre Málaga y Madrid. Posteriormente ingresó al ejército español e hizo su carrera militar en el Regimiento de Murcia. Combatió en el norte de África y contra la dominación napoleonica en España.

En 1812 con 34 años retornó a Buenos Aires y se puso al servicio de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo (que hoy lleva su nombre). Ocupó varios cargos hasta que siendo gobernador de Cuyo en Mendoza pudo poner en práctica su proyecto de que para que el triunfo patriota se lograra había que eliminar los núcleos realistas. Tras organizar el Ejército de los Andes, cruzó la cordillera y liberó Chile y luego desde ahí por barco llegó a Perú y atacó Lima, centro de poder español, declarando la independencia de Perú en 1821.

Después de semejantes proezas le cede su cargo a Simón Bolívar y regresa a Buenos Aires a reencontrarse con su esposa Remedios de Escalada, que estaba gravemente enferma, pero lamentablemente no llegó a tiempo, ella había fallecido el 3 de agosto de 1823. Está sepultada en La Recoleta y su lápida reza: “Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del General San Martín".

En Buenos Aires se lo acusó de conspirador y decidió marcharse desalentado por las luchas internas entre unitarios y federales.

El 10 de febrero de 1824 partió junto con su hija Mercedes a Francia, donde se instalaron en una casa de campo en la villa de Grand Bourg cerca de París. Terminó sus días en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850 a la edad de 72 años. Vivía junto con su hija y el marido de esta, Mariano Balcarce.

Al igual que en vida, sus restos recorrieron varios lugares antes de descansar en paz definitivamente. Al morir su cuerpo fue llevado a la cripta de la Basílica de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Boulogne-sur-Mer hasta que en 1861 la familia Balcarce San Martín se traslada a Brouny y decide llevar el cuerpo embalsamado del prócer para ubicarlo en la bóveda de la familia junto a su nieta María Mercedes que había muerto en 1860.

Pero en realidad, pocas semanas después de la muerte del Libertador, las autoridades de la Confederación Argentina habían dado instrucciones para que se repatriaran sus restos tal fue la voluntad póstuma del militar que en su testamento había expresado “que su corazón descansara en el de Buenos Aires”. Pero todo fue demorándose y recién en 1864 durante la presidencia de Bartolomé Mitre, los diputados Ruíz Moreno y Alsina presentaron un proyecto de ley para autorizar la repatriación. En 1870 Manuel Guerrico consiguió una parcela en La Recoleta. Pero en 1876 el presidente Nicolás Avellaneda, a través de la comisión encargada del traslado y gracias al arzobispo Aneiros, consiguió un espacio en la Catedral para un mausoleo. El 25 de febrero de 1878, en el centenario del nacimiento del prócer se realizó un tedeum en la Catedral que concluyó con la colocación de la piedra fundamental del mausoleo.

El escultor francés Auguste Carrier Belleuse fue el encargado de moldear el mausoleo que envió en partes desde Europa. En Inglaterra había concluido la construcción del buque de guerra Villarino, que había sido encargado por el gobierno argentino. Fue enviado al puerto de El Havre, donde cargaría el féretro.

El 21 de abril de 1880, el ataúd fue transportado de Brunoy a París donde se lo cargó en un tren especial rumbo a El Havre. Una vez en la ciudad portuaria, se lo depositó en su Catedral. Luego del acto religioso que incluyo la bendición del féretro, se lo embarcó en el Villarino. El buque soltó amarras el 22 de abril.

-Arribó a Montevideo el 20 de mayo, donde fue recibido con una salva de 21 cañonazos. Siete barcos argentinos acudieron a recibir al Villarino. Una carroza tirada por seis elegantes caballos llevó el féretro (cubierto por las banderas de Uruguay, Chile, Perú y Argentina) a la Catedral. Una multitud acompañó los restos, lanzando flores desde las veredas y los balcones. A la bienvenida asistieron el presidente Francisco Antonio Vidal y todos sus ministros. Ha sido considerada uno de los actos más emocionantes que se hayan hecho al Libertador. Cuando partió por la tarde, la banda militar uruguaya ejecutó el Himno Argentino y por su parte, desde el barco, la banda argentina interpretó el de Uruguay.

-Durante una semana, el Villarino se mantuvo en la costa de Buenos Aires.

El 28 de mayo tuvo lugar la ceremonia principal. Los integrantes de la Comisión de Repatriación colocaron la bandera del Ejército de los Andes sobre el ataúd, más dos coronas: una con palmas de Yapeyú (ciudad natal del prócer) y otra con gajos de pino de San Lorenzo (bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo). El cajón fue depositado en un bote fúnebre que fue remolcado por la lancha presidencial, Talita.

Se lo desembarcó en las costas de Retiro. Fue colocado junto al palco oficial, donde el ex presidente Sarmiento dio un discurso de recepción. Cargado de flores que le lanzaban los argentinos a su Padre de la Patria, el féretro fue escoltado hasta el monumento del Libertador, en la plaza. Un emocionante discurso del presidente Avellaneda complementó las palabras de Sarmiento. El cajón fue colocado en una carroza fúnebre. El cortejo marchó por la calle Florida hasta la Plaza de Mayo. El ataúd fue depositado en la nave central de la Catedral Metropolitana. Durante veinticuatro horas desfiló el pueblo para rendirle tributo. Al día siguiente, a las dos de la tarde, se lo ubicó en el mausoleo. Resulta curiosa la forma en que ha quedado dispuesto el ataúd. El tamaño del espacio para el féretro en el mausoleo no fue el adecuado. Por ese motivo, el féretro que contiene el cuerpo embalsamado del prócer fue colocado en forma inclinada. Así permanece desde el 29 de mayo de 1880.


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