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¿QUIÉN FUE EN VERDAD MARÍA MAGDALENA?


Por Carmen Álvarez

Tuvimos que esperar hasta 2018 para que la figura de María Magdalena protagonizara un film.

De tantos personajes históricos reivindicados, uno de los que faltaba era precisamente ella.

Y no es para menos. Es difícil tratar de cambiar la categoría que durante cientos de años hicieron creer a la humanidad que no era más que una vulgar prostituta y, por tanto, pecadora, sin ningún tipo de rol significativo en los cruciales acontecimientos que se desarrollaron en su época.

Evidentemente vivimos en un tiempo de abierta militancia por los derechos de las mujeres y por la lucha por la apertura de aquellas sociedades en las cuales todavía hay flagrantes situaciones de desigualdad. Este movimiento ayudó a traer a luz su vida. Y también a plantearla, como lo hace este film, desde una perspectiva reivindicativa, aunque sin exageraciones.

La identificación de las mujeres con su personaje es inmediata. María Magdalena lucha por salir de su pequeño círculo familiar, reivindica su derecho a rechazar un marido no querido y hasta se atreve a decir “No estoy hecha para el matrimonio” lo cual suscita la inmediata respuesta de su hermano “Y entonces para qué sirves?”.

Pero se atreve a más. Abandona la seguridad de su hogar y sus afectos para perseguir una causa que le arrasa el alma.

Totalmente convencida de su opción, no duda en seguir al Rabino Jesús por las tierras israelíes y hace frente a todas las adversidades.

A pesar de las jerarquías y reglas impuestas por su época, María Magdalena se atreve a desafiar a su familia y unirse a un nuevo movimiento social liderado por Jesús de Nazaret. Acá empieza el meollo de la película, su razón de ser : resulta que ahora sabemos que Jesús le brindó un lugar privilegiado a su lado y la habilitó para brindar los sacramentos, como el bautismo, lo que suscita la inmediata reacción de algunos apostóles y hace emerger los previsibles celos msculinos.

Pero María Magdalena es determinada, valiente, y posee una gran personalidad que no conoce avasallamientos. Eso le permite protagonizar los acontecimientos más importantes de esos días aciagos : contempló la crucifixión de Jesús, está junto a la Virgen María al pie de la cruz, se sienta frente al sepulcro cuando lo entierran y de vuelta al sepulcro se encuentra con Jesús resucitado quien le encarga de anunciar a los discipulos las novedades.

Esa es su gloria. Su grandeza está en el amor. Su verdadero rol es ser discípula del Señor y proclamar el Evangelio.

La gran pregunta sobre el film es cuánto hay de verdad histórica en él y cuánto de arte escénico. Es una pregunta casi incontestable.

Evidentemente han existido miles de expertos que han establecido hipótesis sobre cómo se desarrolló la vida de Jesús. Y eso incluye a los que lo rodearon. Sin embargo, no parece haber acuerdo sobre algunos temas básicos, como por ejemplo si María Magdalena tuvo efectivamente una relación afectiva y carnal con Jesús, si tenía en su accionar alguna motivación igualitaria que hoy en día se tacharía de feminista (concepto relativamente reciente en la historia y por lo tanto dudoso de que alguien lo poseyera en aquella época), si realmente contempló su resurrección, y hasta si tuvo un hijo de él, como sugiere claramente el personaje de Sir Leigh Teabing en la película “El Código da Vinci”.

La película no indaga en demasía sobre estos aspectos y se lo agradecemos. Nos ahorra un producto endulcorante que podría desarrollar una relación romántica entre los protagonistas.

Lo que no se puede comprobar históricamente, la película no lo afirma y ese es uno de sus grandes aciertos.

Otro gran acierto es la dirección de fotografía. Planos maravillosos, lejanos y cercanos, pero con tiempo suficiente para que el espectador pueda apreciar el mensaje que se le quiere dar. La película, afortunadamente, se sale de los cánones que dominan Hollywood en la actualidad y que consiste en que ninguna toma dure lo suficiente como para que se pueda apreciar ninguna sustancia, como si la versatilidad en sí fuera un valor, o mas aún, como si los directores temieran al tedio del público en esta época de extrema inmediatez.

Rooney Mara encarna una María Magdalena bella, fiel, comprometida. Es un apóstol femenino muy creíble. En suma, una película hermosa y disfrutable que recomendamos altamente y que tiene lugar en nuestra columna de opinión por la originalidad de su mensaje que por fin visibiliza a este enigmático y controvertido personaje. Es la oportunidad histórica de María Magdalena y este film así lo atestigua.


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Carmen Àlvarez

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