logo-Women-final_Negro.png

EL MUNDO ENLOQUECE CON HARRY Y MEGHAN


por Carmen Alvarez

Los duques de Sussex están literalmente tomando el mundo anglosajón “by storm”.

Su presente gira por algunos países de la Commonwealth está siendo un éxito rotundo.

La COMMONWEALTH significa literalmente riqueza común y la idea detrás de esta comunidad de 53 naciones vinculada al Reino Unido es aumentar el beneficio general que permita a las naciones integrantes menos favorecidas hacer network con las mas poderosas.

Para muchos es una historia del éxito de la política exterior británica. Para otros, el premio consuelo por la pérdida del imperio. Pero lo que indudablemente es, es un club que confiere a sus miembros sentido de identidad.

Es cierto que están unidos por el “unhappy accident of having been colonised by the English”, según una vez alguien dijo, pero en vez de elegir el camino del odio, el resentimiento y el “ni olvido ni perdono”, los países que en un pasado no tan lejano fueron colonia británica prefirieron formar una productiva alianza.

La longeva Isabel II, la reina que más ha estado en su sitio en toda la historia del Reino Unido, y una de las monarcas con más años de reinado del mundo, es la cabeza de esta comunidad.

Por ello, desde que fue creada, la familia real británica visita periódicamente sus diferentes tierras. Ahora que la reina, en virtud de su edad, ha decidido delegar algunas de sus tareas, su extensa familia adopta, gracias a su merced, diferentes roles convirtiendo a esta monarquía más que nunca en su historia en un equipo pujante, mediático y consustanciado con su labor.

Parte de este equipo son los dos hijos de la icónica Lady Di, William y Harry con sus respectivas esposas. Ambas parejas son sustancialmente distintas y eso es lo que los hace más atractivos y complementarios.

William, el futuro rey, y su esposa Kate Middleton se han transformado en los perfect royals. Sus actitudes públicas, sus gestos, su vestimenta, su conducta, todo está dirigido a reafirmar en sus súbditos el concepto de que ellos son, en efecto, los futuros monarcas.

Harry, el menor, en cambio, liberado de la presión de la herencia, sabiendo que nunca va a ser rey, actúa más libremente aunque no, por ello, ni menos responsable ni mucho menos notoriamente. Sus elecciones pueden interpretarse como menos ortodoxas, dentro de las cuales está sin duda la elección de Meghan Markle, su actual esposa, una actriz norteamericana divorciada y con ascendencia afro.

Los recién casados y prontos a ser padres, Harry y Meghan fueron elegidos por la propia reina para cumplir el soñado rol de embajadores del reino en toda la Commonwealth.

Jóvenes, chic, dinámicos, elegantes, muy simpáticos y haciendo gala de una gran conexión y empatía con la gente, están teniendo en este mismo instante un éxito indiscutido en el inicio de su carrera conjunta. Es como si el casamiento con Meghan hubiera puesto de manifiesto toda la potencialidad que el Príncipe Harry había hasta ahora solo demostrado tímidamente y nunca con un afán tan claro de servir a la monarquía (su propia familia) y de emprender un trabajo que si bien demuestra sus preferencias y prioridades están sustancialmente enmarcado dentro del trabajo de la familia real en general.

Meghan, por quien muchos temían al principio, está, como se dice comúnmente, poniendo toda la carne en el asador. Demuestra a cada paso que, si bien y obviamente no pertenece a la realeza ni nunca lo soño antes, y gracias al apoyo incondicional y permenante de su marido, puede lidiar con todos los movimientos que de ella se esperan y en todos los planos. Se desenvuelve con facilidad, aprende las reglas, su look es casi siempre perfecto, es una estupenda oradora, sabe manejar la prensa sin ningún tipo de temor o actitud evasiva, sonríe por doquier y, por sobre todo, a pesar de que tiene en su agenda algunas causas propias para defender, ha internalizado totalmente el rol que debe desempeñar. Se la nota cómoda, leal y comprometida, pero no solo con sus causas, ante todo con su lugar dentro del esquema de la familia real, algo que puede llegar a amilanar hasta al mas osado.

Y para regocijo de los uruguayos, ha lucido en su visita a Nueva Zelanda, con un cuadro de la reina detrás suyo, un elegantísimo vestido negro de la diseñadora uruguaya Gabriela Hearst.

Basta repasar los videos que se multiplican en Youtube para corroborar el entusiasmo, la verdadera euforia, que a veces raya en idolatría, que despierta esta nueva pareja a cada paso de su gira. Son la novedad y parecen consustanciar el perfecto equilibrio que a nuestro modo de ver debe darse en los miembros de una monarquía moderna: lo suficientemente interesados como para que la gente los adore, pero manteniendo la prudente distancia que demuestra que no son lo mismo que los comunes mortales, porque, si así fuera, ¿para qué querríamos monarcas?.

La reina Isabel II, que ha transcurrido a lo largo de intensos cambios en la historia de su país, ha presenciado cómo se desmoronaban los últimos vestigios de lo que supo ser el Imperio Británico y ha contribuido entusiastamente y sin desmayos a consolidar la Commonwealth.

Cuando en tierras británicas, en un futuro que la mayoría teme por la incertidumbre que sin duda ese acontecimiento generará, se pronuncien las palabras “London Bridge is down”, el código críptico pero a su vez muy explícito que significa que la monarca ha muerto, su legado va a ser enorme, sus para entonces experimentados herederos tomarán la posta y ella podrá pasar con tranquilidad a otro plano con las palabras que cualquier ser humano querría tener en su haber : misión cumplida.


CEO: 

Grace Grisolia

EDITORA:

Carmen Àlvarez

CONTACTO:

info@womeninmove.com

  • White Facebook Icon
  • White Instagram Icon
  • White YouTube Icon

Diseño: Bernarda Ghio