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EL BREXIT Y EL MEGXIT.


Por Carmen Álvarez.

Dos noticias acapararon los headlines de la BBC los últimos tiempos : el BREXIT y el MEGXIT. Obviamente como su nombre lo indica ambos se relacionan con la palabra latina EXIT, que en buen romance quiere decir SALIDA. El Brexit fue una decisión política del pueblo británico que se materializó el pasado 31 de enero luego de varias idas y venidas gracias a la habilidad política del actual Primer ministro Boris Johnson. El Megxit se refiere a la decisión de los Duques de Sussex de efectivamente salir de UK, pasar a residir en Canadá, renunciar a sus títulos reales y vivir de sus propios medios económicos. Opinar sobre ambos hechos (uno social y otro personal) parece ocioso, sobre todo cuando las cosas ya están juzgadas. Sin embargo hay un solo aspecto sobre el que me gustaría abundar en esta columna, el tema de la coherencia entre los dichos y los hechos. El Brexit requiere de un valor y coraje sobre el que por supuesto no es dado dudar ya que el pueblo británico lo ha demostrado en muchísimas oportunidades a lo largo de la historia, el más relevante en la Segunda guerra mundial. La coherencia se demostrará ahora que debe empezar a vivir nuevamente, y por supuesto por propia voluntad, en lo que ellos mismos en algún momento histórico dieron en llamar "The golden isolation". Tiene muchos costos, económicos, sociales, pero también geopolíticos. A riesgo de que los europeos ya no los llamen más "hermanos" como acaba de expresar Christine Lagarde, flamante presidenta del Banco Central Europeo, ellos creen con esto recuperar una independencia que nunca debieran haber perdido. A nivel social, como a nivel personal, la soledad tiene muchos costos, pero a veces se comprueba que vale la pena. El tiempo lo dirá. El cuanto al Megxit, se han tejido legítimamente muchas opiniones al respecto, que fueron empujados a eso debido a la desadaptación y al desprecio, que no querían vivir como segundones, que no les dejaron otra opción. Ya que Harry no es heredero directo, no creo que el tema importe demasiado a mediano plazo, mas allá de el lógico cimbronazo inicial, principalmente provocado por el cariño que los británicos le demostraban por ser el hijo menor de la Princesa Diana. Ahora deben actuar como plenos adultos responsables de sus actos y esto implica : nunca echarse atrás en la decisión tomada, renunciar a los títulos reales, incluso a ser llamados duques ya que no sería coherente mantenerlos, aún en un país parte del Commonwealth como es Canadá, devolver lo gastado y no pedir nunca mas un peso a la corona, y sobre todo no tratar de hacer en otros países el mismo tipo de actividades que el heredero a la corona, William y su consorte Kate están haciendo en UK porque eso se vería como altamente sospechoso. Ya que no hay nada de admirable en dejar atrás familia, historia y responsabilidades, lo honorable serìa dejarle todo el protagonismo a su hermano William, el futuro rey, como muy bien hizo Eduardo VIII cuando renunció a sus deberes para casarse con otra americana, Wallis Simpson. Ya que renunciaron al honor de servir a su país, entonces deben de ahora en mas dejar el camino, el trabajo, las responsabilidades para quienes lo harán en exclusividad William y la popular Kate Middleton, los Duques de Cambridge, quienes se toman las cosas muy en serio y son dignos representantes y herederos de la corona. Si como se dice comúnmente, las personas de poder valoran a aquellos que le traen soluciones y no problemas, entonces la reina debe estar ( y ya lo ha demostrado en varias oportunidades) mas que complacida con los Duques de Cambridge, excelentes personas, jóvenes comprometidos en quien apoyarse, poder delegar y, sobre todo, en quien confiar.