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CAFÉ - HISTORIA Y ALGÚN MITO

 

“Tú, divino café, cuyo amable licor, sin alterar la mente, alegra el corazón” escribió el poeta francés Jaques Delille. Llama la atención la manera en que lo describe: “amable licor”. Quizá sea el momento de adentrarnos un poquito más en la historia para entender por qué al café se lo ha asociado con palabras como “vino” o “licor”.

En el artículo anterior hablé de los Oromos, pero hay una gran historia, esas de creer o reventar, que deambulan en el mundo cafetero y data del año 800. ¿Quién no ha escuchado a alguna abuela o tía decir: “está más loca que una cabra”? Creo que la mayoría debe, por lo menos, saber la existencia de esa frase utilizada, en general, para referirse a alguna mujer. En la antigua Abisinia, hoy Etiopía, existió un pastor, y poeta, llamado Kaldi. El niño, cumplía con su trabajo: diariamente, largaba en alguna montaña a su rebaño de cabras para que pastaran. Al cabo de un tiempo, Kaldi hacía sonar una flauta y ellas, muy obedientes, siempre regresaban. Un día, como cualquier otro, el pequeño hizo sonar la flauta pero, sus fieles compañeras, no volvieron. ¡Que sorpresa a que se llevó Kaldi cuando las encontró! Comiendo una baya roja de una planta, corrían enfurecidas dándose golpes entre ellas. Las cabras, aquella noche en la antigua Abisinia, no pudieron dormir. Algo tenía aquel fruto, de eso no quedaban dudas. Fue así como Kaldi se acercó a las plantas, esta vez solo, y probo el fruto hasta entonces desconocido. Un amargo intenso, eso fue todo lo que el pastor experimentó. Su cuerpo no reaccionó como el de sus animales. Astuto, Kaldi arrancó unas cuantas bayas y se las ofreció a los monjes del pueblo como ofrenda. ¡Un amargo insoportable! Los monjes tiraron al fruto al fuego por considerarlos incomibles y… ¡el primer olor a café tostado invadió el pueblo!

A mí me gusta creer que esta historia sucedió, habrá quien no la crea pero… ¿por qué no?

En el Siglo X, en Yemen, atrás queda el mito de Kaldi y sus cabras. Comienza el furor de los Qahwah Khaneh. Muy criticados por el gobierno, eran espacios cerrados donde grupo de amigos se daban citas para tomar un delicioso café. Varios siglos después, más precisamente en el XV, los turcos eran grandes consumidores de la infusión preparado en el hasta hoy utilizado Ibrik. Los elementos principales eran: café, agua, ámbar gris (espesante) y qat (psicoestimulante). Éste último, es uno de los elementos que hoy, 2016, alimenta el conflicto en Somalia y, cabe destacar, que es uno de los psicoestimulantes más fuertes conocidos hasta ahora.

El tiempo avanzaba y el “licor negro” invadía Europa causando, para los gobiernos, ciertos estragos. En Francia en el Siglo XVIII, un grupo de revolucionarios decide, en el Café de la Fleure, tomar la bastilla. Es que claro, en aquellas épocas sin el acceso a la información que tenemos hoy, lo que reunía a la gente y generaba debates políticos era un solo espacio: los cafés.

“Más loca que una cabra”, psicoestimulante, revolución… Por estos motivos, el Papa Clemente VIII a principios del Siglo XIX decide bautizar al café y quitarle su pecado original. El “licor” o “vino” moría para darle paso a 30 mililitros de aroma y sabor: así nacía, el puro y delicioso Espresso.

 

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